Hay momentos en que uno quisiera comer mejor pero, sinceramente, la información abruma. Un día la proteína es tu aliada, al otro te aseguran que solo cuentan los vegetales. Consejos van, consejos vienen, y uno se queda pensando: ¿quién dice la verdad y quién solo repite lo que leyó en internet? En Tijuana, donde la comida nunca falta y las tentaciones están a la vuelta de la esquina, encontrar orientación con los pies en la tierra es difícil. ¡Más bonificaciones!
En este contexto surge una propuesta que rompe con lo de siempre. Aquí no se trata de cambiar tus hábitos a punta de prohibiciones. Se trata de mirar tu vida tal cual es. Aquel que busca ayuda llega con una maleta llena de razones: el pantalón que ya no sube, el susto tras el chequeo médico, el deseo de verse mejor o la simple curiosidad de probar algo nuevo en la cocina. Nadie juzga. Se escucha con atención. Y lo que suele pasar en otros consultorios —salir con una lista lineal de “puede” y “no puede”— aquí da paso a una conversación real.
No todos comen igual ni tienen las mismas luchas. Hay quien no vive sin unas tortillas en la mesa, quien come a deshoras porque su trabajo empieza cuando otros ya duermen, quien cocina para toda la familia y no puede preparar cinco menús distintos. Por eso, el consejo se hace a la medida y se discute con ejemplos prácticos: en vez de yogur griego importado, a lo mejor encuentras la opción del mercado local; en vez de una receta imposible, se adapta lo que tienes en casa. Lo importante es que el nuevo menú no llegue para ponerte de cabeza, sino para volverse parte de tu día a día.
La relación no termina cuando sales por la puerta. Puedes escribir si de pronto no sabes cómo sustituir un ingrediente, si la rutina cambió y necesitas ajustes o si quieres compartir que ya no caíste en el antojo de las donas de la oficina. Esos pequeños pasos se celebran y se entienden, porque aquí no todo es blanco o negro. ¿Te tocó una comida familiar? No hay regaños, solo sugerencias para balancear después. ¿Un día malo? Se reconoce y se sigue adelante.
Mover horarios para ir a consulta puede ser un dolor de cabeza. Por eso, se abre la posibilidad de consultar en línea. Así nadie tiene que correr ni ponerse excusas por el tráfico. Atrás queda la idea de que solo se puede avanzar yendo en persona, ahora la tecnología juega a tu favor.
La ciudad es impredecible, igual que la vida. Pero si tienes una guía con tacto, sentido común, y la disponibilidad para escucharte de verdad, el camino a comer mejor no suena tan cuesta arriba. Conversar, proponer, ajustar y, por encima de todo, acompañar. Eso es lo que realmente cuenta cuando lo que quieres es cambiar tu forma de alimentarte y sentirte mejor.
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